Un estudio publicado en la prestigiosa revista npj Science of Food (Springer Nature) revela que la quinoa real boliviana posee componentes nutricionales únicos que la diferencian significativamente de otras variedades cultivadas en el mundo, consolidándose como un recurso estratégico para la seguridad alimentaria global.
La quinoa real boliviana, además, se destaca por el tamaño de grano grande, y su adaptación a ambientes extremos, como la gran altitud, la alta salinidad, la intensa radiación ultravioleta, la aridez y las fluctuaciones de temperatura.
La investigación fue realizada por un equipo científico multidisciplinario, J. Mauricio Peñarrieta, Erick Loayza y Javier A. Linares-Pastén, quienes compararon la composición nutricional de 13 muestras comerciales de quinua procedentes de 9 países, incluyendo variedades de Bolivia, Perú, Ecuador, Estados Unidos, Canadá, España, China e India.

Los resultados del artículo “Diferencias nutricionales de la quinua boliviana en comparación con las variedades internacionales” muestran que la Quinoa Real, cultivada exclusivamente en la zona intersalar de Bolivia, entre los salares de Uyuni y Coipasa, presenta niveles más altos de fibra dietética, cenizas, fitoesteroles y minerales esenciales, como el hierro, el potasio y el zinc. Destaca su perfil equilibrado de aminoácidos, con un mejor balance de ácidos grasos omega-6/omega-3 y un elevado contenido de vitamina C, vitamina B6, el folato y la riboflavina. Estas características evidencian que la Quinoa Real no solo es un caso excepcional desde el punto de vista nutricional, sino también un valioso recurso de agrobiodiversidad con implicaciones para la seguridad y soberanía alimentaria.
En un contexto de creciente demanda global de alimentos nutritivos y sostenibles, estos hallazgos refuerzan la importancia de proteger y valorizar los cultivos originarios andinos.

Además, el artículo clarifica la clasificación taxonómica de la quinoa, a menudo confundida con un cereal o, coloquialmente, denominada “pseudocereal”. La quinua (Chenopodium quinoa) no es un cereal, sino que pertenece a la familia de las Amaranthaceae, concretamente a la subfamilia Chenopodioideae. Se trata de un cultivo ancestral que fue domesticado hace aproximadamente 5.000 años a una altitud de 3.800 m s. n. m. en las regiones circundantes al lago Titicaca, compartido por Bolivia y Perú.
Los estudios arqueológicos indican que la quinua, junto con la papa (Solanum tuberosum) y la llama (Lama glama), constituían una fuente de alimento estable para la civilización de Tiwanaku.
La quinua ha llamado la atención en las últimas décadas debido a su alto valor nutricional, su resistencia al cambio climático y su capacidad para adaptarse al cultivo en suelos pobres – son de baja fertilidad y escasa materia orgánica-.
Por otra parte, la quinua es un cultivo sin gluten – demandadas por su valor nutricional-, contiene un alto nivel de ácidos grasos, vitaminas y fibra dietética, así como una elevada concentración de aminoácidos esenciales.
Con frecuencia se la denomina “superalimento”, precisa el estudio “Diferencias nutricionales de la quinua boliviana en comparación con las variedades internacionales”.

La fibra dietética se asocia con una mejora de la función gastrointestinal, una mejor regulación glucémica y una reducción del colesterol sérico, entre otros efectos beneficiosos.
Los fitoesteroles se asocian con efectos antiinflamatorios y una acción hipocolesterolémica, lo que puede contribuir a la salud cardiovascular.
La quinua, domesticada hace más de 5.000 años en la región del lago Titicaca, ha ganado reconocimiento mundial por su alto valor nutricional y su capacidad de adaptación. Sin embargo, este estudio demuestra que no todas las quinuas son iguales, y que la Quinua Real boliviana representa un estándar nutricional superior dentro del mercado global.
Este articulo completo puede ser consultado en:
https://doi.org/10.1038/s41538-026-00735-5

Sobre los autores
Mauricio Peñarrieta, docente investigador del Instituto de Investigaciones Químicas (IIQ), Facultad de Ciencias Puras y Naturales (FCPN) de la Universidad Mayor de San Andrés (UMSA).
Erick Loayza, investigador de la Universidad San Francisco Xavier de Chuquisaca del IIQ y de la Unidad de Ecología Acuática del Instituto de Ecología, FCPN de la UMSA, y del Departamento de Veterinaria y Biociencias de la Facultad de Medicina Veterinaria de la Universidad de Gante, Bélgica.
Javier A. Linares-Pastén, investigador sénior, profesor asociado y docente titular de la División de Biotecnología y Microbiología Aplicada, Facultad de Ingeniería (LTH), Universidad de Lund, Suecia.
