Científicos bolivianos determinaron que extractos de plantas como el matico, la kiswara, la sangre de grado, entre otros, tienen el potencial para matar células cancerígenas dentro del laboratorio.

Científicos de la UMSA determinaron a través de análisis de laboratorio que algunas plantas nativas, que crecen entre 3.000 y 4.800 metros de altura, tienen compuestos orgánicos que actúan contra las células de cuatro tipos de cáncer.

“Obtuvimos varios extractos de ocho plantas que conocemos como medicinales y determinamos en el laboratorio que algunas tienen compuestos que evitan la proliferación de algunos tipos de cáncer. Ellas tienen moléculas que son citotóxicas; es decir, que son un veneno para las células enfermas”, explica la responsable de la investigación y especialista del Instituto de Biología Molecular y Biotecnología de la UMSA, Gloria Rodrigo Lira.

El estudio Investigación de la Actividad Anti Tumoral de Plantas Medicinales en la ciudad de La Paz se realizó entre 2014 e inicios de 2017 y fue un trabajo que contó con el apoyo de varias carreras de la UMSA.

Para la investigación se seleccionaron ocho especies de plantas: kiswara, sangre de grado, andrés huaylla, matico (o cipu cipu), sacha inti, kento, isaño negro y uña de gato. Cuatro de ellas fueron recolectadas en San Miguel de Huachi, norte de La Paz, y las otras cuatro fueron adquiridas en mercados de La Paz. Varias de ellas son utilizadas en la medicina tradicional para tratar diferentes tipos de cáncer.

Los extractos obtenidos de estas plantas fueron probados en células de cuatro tipos de cáncer. En este caso de mama, pulmón, colon y cervicouterino.

La investigación concluyó que las plantas que tienen más potencial son: sangre de grado, andrés haylla, uña de gato, sacha inti y matico, ya que las moléculas de sus extractos demostraron tener actividad contra las células   de ciertos tipos de cáncer.

Las plantas medicinales 

Las plantas que crecen en la altura están expuestas a mayor radiación ultravioleta, esto provoca que sinteticen ciertas moléculas (metabolitos secundarios) para defenderse y adaptarse a esta exposición, las cuales se conocen también como antioxidantes.

El equipo coordinó con la carrera de Antropología la realización de un trabajo para determinar qué plantas se utilizan para los tratamientos de esta enfermedad.

La información fue obtenida a través de entrevistas con maestros kallawayas, naturistas y herbolarias.   De esta forma se seleccionaron las plantas medicinales más utilizadas para darle un fundamento científico a través de la investigación.

El estudio se enfocó en analizarlas para tratar de determinar el tipo de moléculas que tienen (metabolitos secundarios), su cantidad y si registraban actividad respecto a las células cancerígenas.

Rodrigo aclara que los resultados se obtuvieron en ensayos en el laboratorio, lo que significa que los hallazgos no implican que estas plantas curan el cáncer.

Para obtener un fármaco que “acompañe el tratamiento de la enfermedad” es necesario determinar cuáles son los componentes específicos de cada planta que atacan a las células de un cáncer en particular; pero además corresponde hacer pruebas en ratones para después realizar ensayos clínicos en personas.

La investigación se realizó con fondos IDH y contó con el apoyo de la Cooperación Sueca (ASDI).

Los resultados

Para hacer las pruebas en el laboratorio se obtuvo infusiones de cada planta y dos extractos (etanólico e hidroalcohólico).

Las pruebas determinaron que el extracto etanólico (macerado de la planta en etanol) de la planta de matico mata las células de cáncer de pulmón y mama en el laboratorio.

Por su parte, el descubrimiento más importante respecto a la famosa uña de gato fue que la infusión obtenida de esta planta   demostró tener compuestos que atacan las células de cáncer de pulmón.

En cuanto a la sangre de grado, su extracto etanólico mostró mayor actividad contra el cáncer de pulmón, y una menor actividad respecto al cáncer cervicouterino y de mama.

En las moléculas de la infusión de andrés huaylla se halló potencial para matar las células de cáncer cervicouterino y de pulmón.

Por su parte, el extracto etanólico de Sacha Inti dio resultados prometedores solamente para cáncer de mama.

En cuanto a la kiswara, esta planta tiene actividad, pero en una concentración muy alta. Lo que significa que se tendrían que destruir bosques enteros para obtener una mínima cantidad que sirva para atacar las células.

“Con el isaño negro no se registró ningún tipo de actividad en los cuatro tipos de cáncer (…). Lo mismo pasa con el kento”, destaca Rodrigo, especialista en genética y biología molecular.

 Dentro del laboratorio

Para iniciar el estudio, la autenticidad de las plantas fue determinada por el Herbario Nacional. Una vez realizado este paso, el equipo de Rodrigo separó, secó y preparó infusiones de las hojas de cada especie. 

Paralelamente, un grupo de Bioorgánica del Instituto de Investigaciones Químicas de la UMSA se abocó a obtener los extractos de cada especie y establecer qué tipo de compuestos químicos había en esos concentrados. Desde ahí fueron enviados al laboratorio.

“En el laboratorio dejamos crecer las células de los tipos de cáncer por 24 horas. El segundo día les cambiamos el medio de cultivo y añadimos a cada muestra un extracto obtenido de cada planta. En este caso, los extractos tienen muchas moléculas y si existe alguna que es un veneno para la célula de cáncer, la matará”, explica la especialista.

Las células de cáncer fueron obtenidas gracias a la Cooperación Sueca y a través de personas que las consiguieron del Instituto Tecnológico de Massachusetts, EEUU.

Después de un tiempo cronometrado, los científicos revisaron las muestras y registraron cuantas    células de cáncer que seguían vivas y las que  habían muerto. De esta manera fueron seleccionados los  extractos que  tienen compuestos con una actividad efectiva para atacar la enfermedad.

Aislar la molécula que las mata  

 
Según el biólogo, Jaime Iturri, el resultado ideal es que el extracto mate a la mayoría. Si esto ocurrió es porque alguna de las moléculas puede convertirse en un potencial fármaco que acompañe el tratamiento de esta enfermedad a futuro.

No obstante, ambos especialistas aclaran que para lograr desarrollar un fármaco se necesitarían al menos 15 años de investigación y millones de dólares de inversión.

El siguiente paso será aislar el compuesto o la molécula específica responsable de la actividad que ataca a las células cancerígenas, analizarla y a partir de ello determinar cuan efectiva es para lograr este cometido.
“Con la investigación que hemos realizado determinamos que los componentes (de los extractos) son citotóxicos, es decir, si son o no un veneno; pero esto podría significar que como mata las células enfermas podría hacerlo con las sanas. Por ello, es imperativo seguir investigando”, aclara Iturri.

De momento, otros científicos de la UMSA ya se han dado a la tarea de emprender investigaciones para aislar los componentes de algunas de estas plantas.

“Con este trabajo hemos validado el conocimiento tradicional referido a las plantas medicinales que han formado parte del estudio, ya que partimos de ellas para hacer la investigación (…). Verificamos para qué podrían servir estas plantas y, de alguna manera, ya iniciamos la posibilidad de continuar estudiándolas”, concluyó Rodrigo.

Estudio y cáncer

  • La enfermedad El 75% de la población mundial utiliza plantas medicinales para el tratamiento de diversas dolencias. La OMS ha insistido en que su uso puede aplicarse en sistemas de atención primaria de salud, pero sobre bases científicas que sustenten la seguridad, efectividad y calidad requeridas para la administración en humanos.
  • Publicación El grupo de científicos publicará un libro sobre los principales hallazgos de la Investigación de la Actividad Anti Tumoral de Plantas Medicinales en la ciudad de La Paz.

Fuente: Alejandra Pau / La Paz, Página 7

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